M E N T I R O S O S
Por: Arnoldo Griñán
El neoliberalismo ha hundido a la profesión de Periodismo en un abismo de descrédito. El muy idealizado Cuarto Poder y la sacrosanta libertad de prensa, han sido relegados a tristes instrumentos de dominación que el imperialismo esgrime para desacreditar a líderes y movimientos revolucionarios, manipular opiniones, acallar sus desmanes, hacer que las mentiras parezcan verdades y mantener semidormidos a la opinión pública internacional y a los pueblos.
La revista FORBES es un ejemplo de lo antes aseverado. Destinada a millonarios e inversionistas hombres de negocios, así como a ilusos que ven en sus páginas un mundo idílico, de riquezas y de poder económico al cual, ilusoriamente el lector sueña entrar, la publicación deviene vocera de la ideología ultraderechista del gobierno estadounidense y muy ligada a la familia del presidente George Walter Bush.
Por esas realidades, no sorprende que Malcom Steve Forbes, presidente del consorcio homónimo, haya aspirado en dos ocasiones a la presidencia del país por el Partido Republicano, ni que en el mandato de Ronal Reagan y Bush padre, presidiera las oficinas encargadas de las transmisiones de Radio Europa Libre y Radio Libertad, dirigidas a confundir, a los pueblos soviéticos y del campo socialista europeo.
Con tan nefasta experiencia, Forbes participó en la decisión de la creación de las mal llamadas Radio y Televisión Martí y comenzó a difundir la mentira de una supuesta fortuna del presidente cubano, Fidel Castro. Basándose en suposiciones, aseguró que el líder cubano recibía para su provecho personal el 10% de los ingresos del Producto Interno Bruto del país. Tal absurdo, que ningún revolucionario del mundo cree, es un insulto a Cuba y a la inteligencia e integralidad de los cubanos, así como a su valentía ética y política.
Claro que Forbes, ferviente defensor de la guerra norteamericana contra Iraq y de las posiciones más retrógadas de la camarilla gobernante estadounidense, sabe que la supuesta fortuna de Fidel es una falacia fabricada para restarle prestigio al Presidente cubano y buscar un pretexto para agredir a la Revolución.
Le hace un favor a su gran amiga, la familia Bush, tan ligada a la mafia miamense, desde los primeros tiempos del triunfo revolucionario, cuando Bush padre, como oficial de la CIA, reclutaba apátridas de la calaña de Orlando Bosh, Luis Posada Carriles, Mas Canosa, Alberto y José Hernández y otros muchos representativos de esa fauna criminal.
A pesar de la protesta de la Oficina de Intereses de Cuba en Estados Unidos, por esa burda mentira y de su exigencia a que fuera desmentida por infundada, la revista FORBES puso oídos sordos al reclamo y continuó con sus groseras calumnias, mientras callaba los numerosos intentos de atentados y otras acciones terroristas urdidos por los apátridas, la CIA y la casi totalidad de las administraciones norteamericanas, desde el triunfo de la Revolución en 1959, hasta el presente.
La grotesca infamia urdida por la Casa Blanca y la CIA, y publicada por FORBES, se enmarca en la política anticubana de la administración Bush que ha acusado al pequeño país antillano de poseer armas químicas y biológicas, así como de pretender el arma atómica cuando con la ayuda soviética, construía una termoeléctrica en el centro del país. Cuánta mentira. Hasta el propio ex presidente estadounidense, James Carter, durante su visita a la isla, comprobó la infamia de las aseveraciones de los personeros de la Casa Blanca, y así se lo hizo saber al mundo.
Si la revista estadounidense buscara la verdad, podría informar que Fidel Castro no tiene ningún apego a cosa material, y que ya desde los días del triunfo del Primero de Enero, entregó a los campesinos y obreros las miles de hectáreas heredadas de su padre y que constituían la fortuna de la familia.
También podría publicar que en 1991, Fidel entregó al pueblo, miles de objetos de gran valor que había recibido como regalo de personalidades de numerosos países, entre ellos, mil monedas de oro de gran valor metálico y numismático.
Si se apegara a la verdad, la revista FORBES podría publicar que Fidel es un dirigente millonario en ideas y valores morales, que ha modelado un país rico en capital humano; querido por su pueblo que vive orgulloso de su líder. Que es un dirigente que ha sabido inculcar en el Gobierno una política anticorrupción con la cual es consecuente desde que empuñara las armas contra los políticos corruptos del país, a los cuales Washington amamantaba y luego ofreció refugio seguro cuando triunfó la Revolución de Fidel.
Igualmente podría informar a los estadounidenses y al mundo que los doce mil trabajadores del Polo Científico Cubano, ese que ella dice sin prueba alguna, que ayuda al enriquecimiento de Fidel, están indignados con las mentiras publicadas, porque ellos saben a donde va a parar el producto de su trabajo, y conocen que las ganancias que ocasionan sus esfuerzos se revierten en el pueblo, el cual recibe gratuitamente las vacunas que, por sólo mencionar un ejemplo, mantienen a Cuba entre los países de más baja mortalidad infantil en el mundo, por debajo de 6 por mil nacidos vivos. Esos trabajadores también conocen que sus descubrimientos contribuyen a salvar vidas en numerosos países pobres, del llamado Tercer Mundo.
FORBES debiera decir a sus lectores que en Cuba ningún funcionario puede tener cuenta bancaria en el exterior pues el Banco Nacional controla todas las divisas del país, las cuales se dedican a la Educación, Cultura, Seguridad Interna, Control de Catástrofe, Política Exterior, Desarrollo del país, Defensa y Solidaridad con otros pueblos del mundo, entre otros.
Pero a la revista FORBES no le interesa que esas verdades se conozcan. Ella forma parte de las pretensiones hegemónica de la camarilla gobernante en Estados Unidos y las ignora, mientras fabrica mentiras y oculta que el gobernante a quien trata de denigrar, ha propiciado que 140,000 enfermos latinoamericanos y caribeños hayan sido atendidos gratuitamente en los hospitales cubanos. Que ese pequeño país se ha convertido, a pesar del férreo bloqueo norteamericano que data de más de 40 años, en una potencia médica, oftalmológica y en la genética, capaz de enviar miles de galenos a cualquier parte del mundo a salvar vidas. Y que la isla antillana beca a miles de estudiantes pobres de numerosos países, incluido de Estados Unidos.
Con groseras calumnias, el consorcio publicitario FORBES, con la fuerza que le dan sus 1 800 millones de dólares, desde 1998 ha desatado una campaña dirigida a minar y mellar el brillo que para millones de personas representa el proyecto social cubano, impulsado por Fidel y el Partido Comunista de Cuba.
Cuando en 1998 Fidel se reunió con 32 editores norteamericanos, denunció las mentiras de la revista, sin embargo, esos medios, respondiendo a la política de la Casa Blanca, no publicaron las verdades dichas por el mandatario cubano.
Nuevamente este año FORBES va por el camino de los embustes contra Cuba. Sin fundamento, fuentes fidedignas ni comprobación objetiva, la publicación no tiene recato en afirmar que Fidel posee una fortuna personal de 900 millones de dólares y que entre sus posesiones se encuentran el Palacio de las Convenciones y la Corporación CIMEQ.
Tanta patraña recibió una contundente respuesta del Comandante en Jefe cubano, quien sin necesidad de defenderse, porque ante esas calumnias lo defiende la obra de su vida, convocó a una Mesa Redonda Extraordinaria y ante la prensa, personalidades del país y extranjeras, desenmascaró, tanto al ultraderechista Malcom Steve Forbes y su revista, como a la ladrona y corrupta administración norteamericana y denunció el sustancioso negocio que esa camarilla tiene con la guerra en Iraq, sin importarle las muertes de estadounidenses e iraquíes que ocasiona, ni el multimillonario costo que ocasiona al contribuyente norteamericano.
El presidente cubano emplazó a la mentirosa revista, al gobierno estadounidense con sus decenas de agencias de inteligencia y a los bancos internacionales, a que comprueben que él no tiene ninguna cuenta bancaria en el exterior e incluso prometió que si aparecía alguna, él dejaría sus responsabilidades en el Gobierno y la Revolución.
Esa valentía política, seguridad en un quehacer honesto y limpia trayectoria han puesto al desnudo, una vez más, la naturaleza hipócrita, mentirosa y corrupta del imperio.
Por su parte, el pueblo cubano, indignado por la afrenta, ha manifestado su confianza y apoyo al ejemplar líder; ha expresado que no cree en las mentiras imperiales y por el contrario dan muestra de gran unidad y de seguridad en el camino que se han trazado.
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