TRABAJADOR CUBANO
Amigo lector, estas dos palabras pudieran no decirte mucho, sin embargo, detrás de ellas hay tanta justicia, que de conocerse bien, lo que encierran sería el anhelo de millones de personas.
Sí, porque los hombres y mujeres que laboran en la isla mayor de las Antillas, gozan de privilegios que para la mayoría de sus homólogos en el mundo constituyen sueños.
Es verdad que en la Cuba anterior a 1959, los trabajadores tenían pocas posibilidades de conseguir empleo. Había muy pocas industrias y a pesar de la existencia de un movimiento obrero con larga tradición combativa, la guerra fría y el surgimiento y propagación del anticomunismo, así como la demagógica creación de una casta obrera a la que se le prohibía apoyar las demandas de otros trabajadores, le hicieron mucho daño a la necesaria unidad del proletariado cubano.
Cuando el tristemente célebre y falso dirigente obrero, Eusebio Mujal, con ayuda del gobierno anticomunista de Carlos Prío Socarrás y posteriormente del golpista Fulgencio Batista, se apoderó de la Central de Trabajadores de Cuba, CTC, el movimiento obrero del país cayó en una división que en nada le favorecía y que sólo se superó con el triunfo de la Revolución.
Este Primero de Mayo del 2006, los cubanos celebraron la fiesta de los trabajadores, como tienen acostumbrados al mundo, desde hace más de cuarenta y cinco años: multitudinariamente.
Sin embargo, para la reacción internacional y los apátridas de Miami, que no quieren ver la realidad de la ínsula, la efemérides sería una convocatoria más a la clase trabajadora que, según ellos, llena las plazas obligada por las bayonetas o los despidos.
Con el recuerdo de lo que ocurría en la Cuba de antes de 1959 y, sobre todo, en la etapa mujalista-batistiana, y en la realidad de la mayoría de los países del mundo, en especial, en Estados Unidos, donde ni siquiera se reconoce la fecha como Día de los Trabajadores, los falsos cubanólogos vierten cuanta mentira sea posible y no posible para enturbiar el brillo de la obra del proyecto social cubano.
Los turistas que visitan a la pequeña isla amenazada y bloqueada por el vecino gigante de siete leguas, quedan asombrados por el decidido apoyo del proletariado y del pueblo en general a su gobierno. Comprueban que, al llenar las calles y plazas, los cubanos no reclaman vindicaciones, por el contrario, enarbolan las banderas de la solidaridad con otros pueblos del mundo y reciben, con sano orgullo, las nuevas del trabajo de su Gobierno, por hacer avanzar al país hacia el futuro luminoso que se merece.
No se puede olvidar, por lamentable que sea, la lección que dejaron muchos países, gobiernos, partidos políticos, movimientos obreros y personalidades, que en otros tiempos enarbolaban las banderas del socialismo y el comunismo. Cuando se desmoronó el campo socialista europeo y sucedió lo que parecía imposible, la desaparición de la Unión Soviética, aquellos presuntos revolucionarios se precipitaron a considerar el fin de la historia y hacerle la cohorte al imperialismo.
No faltaron los falsos dirigentes, blandengues e incapaces de ser consecuentes con la misión que el proletariado había puesto en sus manos.
Unos acobardados por el duro enfrentamiento que debían asumir y otros comprados con el oro capitalista, cual modernos Judas Iscariote, vendieron las banderas del proletariado y trataron de convencer a los cubanos que lo mejor era rendirse a Imperio que surgía, antes que enfrentarlo, pues sin la ayuda de la URSS, insistían, nada se podría hacer en el mundo unipolar que se avecinaba.
Así, sobre el pequeño archipiélago antillano, sin éste proponérselo, con su valiente y heroica intransigencia, caían las banderas del socialismo. Ellos no cambiaban el nombre de su Partido: Comunista de Cuba, ni abandonaban su proyecto social, el socialismo. A pesar del doble bloqueo: el del imperialismo al que se sumaba el de los otrora países socialista del este europeo que sin pudor y con saña querían ver destruida a la Revolución Cubana y así justificadas sus cobardías, la Isla de la Libertad resistió estoicamente tres lustros de lo que llamó Período Especial.
¡Qué lección la de ese pueblo! Poco a poco, con el liderazgo de un Fidel de talla mundial y un Partido de gran prestigio, a quienes sigue un pueblo forjado en la lucha anticolonial y antiimperialista, para el que no existen dificultades insalvables, Cuba ha ido saliendo adelante.
Sus trabajadores saben que tienen una misión histórica, demostrar que el Socialismo no sólo es posible, sino que es la única solución posible que se avizora para poder salvar al mundo de su autodestrucción. Que se puede tomar el cielo por asalto y que un mundo mejor es posible.
En momentos en que los cantos de sirenas del neoliberalismo ya no engañan y el imperialismo yanqui da zarpazos a diestra y siniestra, cual fiera moribunda, su sepulturero, los trabajadores se disponen a cavarle la tumba.
Los cubanos han mostrado el camino. Los obreros, campesinos y profesionales del mundo deben seguir el ejemplo. Nada tienen que perder.


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