BEISBOL
Por estos días, Cuba bulle de punta a cabo, debido a su pasatiempo favorito: la pelota. En el mundo deportivo, muy pocos dudan de que la isla antillana es una potencia de la disciplina de las bolas y los strike.
Hasta hace poco, los escépticos de afuera y de adentro de la ínsula no dudaban de la superioridad cubana en el béisbol amateur, donde una vez adueñada de los más importantes títulos, dígase, 3 juegos olímpicos, 25 campeonatos mundiales, numerosas copas intercontinentales, juegos panamericanos y centro caribeños, entre otros, le ha sido muy difícil a cualquier otro equipo del mundo, quitarle uno de esos campeonatos. Pero esas mismas personas ponían en duda que un equipo Cuba pudiera competir y ganar a los de las llamadas Grandes Ligas norteamericanas.
Claro que esas personas ignoran la tradicional calidad de la pelota cubana. Desconocen que a principios del siglo pasado, equipos de Grandes Ligas veían a Cuba a topar con los peloteros de la Mayor de las Antillas y ganaban y perdían. Incluso, la mayoría de las veces salían muy mal paradas.
Fueron notables las hazañas de Cristóbal Torriente (Strike) y José de la Caridad Méndez, (El Diamante Negro), quien con facilidad los dejaba sin hit ni carreras, y las de otros muchos quienes con sus aplastantes victorias hicieron que los jerarcas del beisbol rentado decidieran no continuar con esos viajes a Cuba debido al descrédito que recibían sus equipos al perder tan bochornosamente con los criollos.
UN NEGOCIO LUCRATIVO
Posteriormente, los scout o buscadores norteamericanos de talentos, iban año tras año a buscar peloteros cubanos para que engrosaran los equipos de Grandes Ligas o sus sucursales y dieran mayor brillantez a sus espectáculos. Allá fueron los Adolfo Luque, Conrado Marrero, Miguel Ángel (Mike) González, Regino Otero, Roberto Ortiz, y otros muchos, todos blancos, pues las llamadas Ligas Mayores no admitían negros. Jugadores excepcionales de la talla de Martín Dihigo, vieron pasar sus años de esplendor sin poder acceder a la, entonces, Meca del béisbol, por tener oscuro el color de su piel.
Un magnífico jugador negro norteamericano, Jacqui Robinson, tuvo que exponerse a las consecuencias del racismo imperante y soportar innumerables humillaciones para abrir el camino de los negros a las Grandes Ligas. Una vez rota la discriminación en esos campeonatos, los directores de equipos estadounidenses buscaron en los magníficos peloteros negros cubanos, el jugoso negocio de pagar poco por buena calidad. Jugadores como Orestes Miñoso, Luis Quián, Humberto Fernández, Edmundo Amorós y Antonio Tony Taylor, por sólo mencionar algunas estrellas negras cubanas, fueron a jugar a equipos como los Medias Blancas de Chicago, los Yanquee de Nueva York y los Dogers de Brooklin, entre otros, sin ganar lo que su calidad de pelotero exigía.
BEISBOL CUBANO ACTUAL
El primer clásico mundial de pelota desentrañó las incógnitas tejidas después del triunfo de la Revolución, cuando en Cuba se acabaron los certámenes del béisbol rentado. Los equipos representativos de las distintas regiones del mundo, asistieron a esa cita con jugadores, algunos en su mayoría, y otros en su totalidad, provenientes de las Grandes Ligas norteamericanas y asiáticas. La calidad era de primera línea.
En ese certamen mundialista, los cubanos obtuvieron el segundo lugar, en juegos verdaderamente memorables y en momentos, en que el equipo sufría una renovación y estaba formado por una mezcla de figuras jóvenes y de mayor experiencia. Allí ya no figuraban estrellas como Kindelán, Pacheco, Linares y otros muchos que constituyeron verdaderas leyendas del béisbol cubano de los últimos tiempos. No obstante, la calidad, la valentía y el amor por la camiseta que vestían, demostrados por los cubanos, despertaron gran admiración en los peloteros de Grandes Ligas, quienes no escatimaron elogios y admiración por los criollos.
Ahora que la etapa selectivas de la pelota cubana llega a su fin con un play off que es todo un clásico, entre los eternos rivales: Industriales y Santiago de Cuba, cada juego es de importancia capital. Surgen incontables mánagers, pues los cubanos analizan críticamente las estrategias y jugadas, tanto de su equipo favorito como del contrario. Sí, porque niños, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, forman peñas en disímiles lugares, ya sea la casa, escuela, trabajo, así como en el parque, la bodega o la esquina, para discutir de pelota.
De todas formas, como siempre, el ganador del evento será ese pasatiempo al que no importa que algunos quieran quitarle brillo. Él se impone para beneplácito del mundo deportivo.


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