Monday, October 30, 2006

IRAQ EN PRIMER PLANO

Por: Arnoldo Griñán

A pocos días de las llamadas elecciones de medio término en los Estados Unidos, la guerra que libra el Pentágono en Iraq está en el punto de mira de los norteamericanos y puede darle un fuerte dolor de cabeza al presidente George Walker Bush y a su partido republicano.

El proceso electoral que tendrá su clímax el próximo 7 de noviembre, es eminentemente interno y debe renovar al Congreso. También sirve de termómetro para los comicios presidenciales del 2008; pero no hay dudas que el tema de la guerra pesará grandemente en esta contienda, donde también harán sentir su influencia: la economía, la prohibición de fumar en lugares públicos, el matrimonio entre homosexuales y los problemas distritales.

Según los pronósticos, el 56% votará de acuerdo a su economía y en ello se dejarán sentir, el alto precio del petróleo, la gasolina y la electricidad. También tendrán peso, el problema hispano, el terrorismo y la seguridad social, entre otros.

En algunos estados, más que en otros, los escándalos de corrupción de la administración Bush y la baja popularidad de este mandatario, ejercerán una influencia negativa en el electorado.

UNA PIEDRA EN EL ZAPATO REPUBLICANO

Aunque en Estados Unidos domina un solo partido, el del establisment, los demócratas tienen una ligera ventaja sobre su contrincante, los republicanos, cuya administración ha cometido tantos errores que son imposibles de soslayar, en especial, el de la guerra contra Iraq, que Bush hijo desató en busca de petróleo y ahora no sabe cómo salir de ella.

Esa contienda, lejos de comportarse como desea la verborrea de la Casa Blanca, ha devenido verdadero desastre, como lo reconociera recientemente el influyente diario The New York Times. El rotativo recomienda sustituir al secretario de Defensa Donal Rumsfeld, atender las sugerencias de los comandantes militares que se encuentran en el teatro de operaciones y oír los reclamos de los soldados que cada vez, con más fuerza, piden retirarse de Iraq.
Muchos de esos uniformados, padecen de trastornos mentales y sufren de profundas alteraciones psicológicas producto de experimentar, cara a cara, cosas tan terribles como matar niños, mujeres y ancianos, así como las aberrantes torturas que son obligados a cometer.

Washington tiene, en lo que eufemísticamente llama ¨custodia¨ a 14 mil personas en cárceles secretas y no secretas. Son personas sin cargos judiciales, sin ser sometidas a juicio y a quienes se les aplican duros métodos de interrogatorios y torturas por miembros de la tenebrosa CIA.

EL NEGOCIO DE LA GUERRA

La actual administración estadounidense ha hecho de su guerra al terrorismo, un gran negocio que le llena los bolsillos de millones de dólares. A los escandalosos fraudes de las grandes empresas a las que los personeros del Ejecutivo están vinculados, se agregan las jugosas tajas del poderoso Complejo Militar Industrial que acapara para sí gran parte de los 430 mil millones de dólares que Estados Unidos invierte anualmente en el área militar.

A lo anterior se unen las corporaciones privadas de la guerra que ganan cien mil millones de dólares al año, entre ellas las que contratan a mercenarios para realizar las llamadas tareas de seguridad antiterroristas, tanto para privados como para el propio Gobierno. Washington ha gastado 300 000 millones de dólares del contribuyente norteamericano en 3 016 contratos de servicios militares que han ido a parar a 12 empresas vinculadas a la Administración Bush. Como dirían los cubanos: este tiburón se moja pero salpica.

Todo este andamiaje de corrupción ha sido montado impunemente a la sombra del pánico producido a partir del 11 de septiembre del 2001. Los estadounidenses viven en constante terror alimentado por el equipo gobernante, sobre todo, en tiempo de elecciones, cuando salen a relucir el notorio Ben Laden y sus ¨amenazas¨.

Pero el pueblo norteamericano se está cansando de la retórica y patrañas al estilo del rescate de la soldado Lynch de un hospital iraquí, libre de enemigos, y de la guerra prolongada a la que no se le ve fin. Las bravuconadas contra Irán y Siria, así como la derrota israelí en Líbano, le ha hecho perder influencias a la política guerrerista de la Casa Blanca, a pesar de volver a utilizar los mismos mecanismos para incrementar el terror, es decir, el miedo, Al Qaeda y otros.

Los 45 millones de estadounidenses que no tienen asegurada la salud y los 31 millones que viven por debajo de la pobreza; los millones que no tienen casa; los sucesivos recortes a los presupuestos que benefician al pueblo norteamericano, los familiares de los cerca de tres mil soldados que han vuelto de Iraq en ataúdes, van, entre otros, a pasarle la cuenta a los republicanos y su errónea administración.

El medidor de los comicios de medio término dirá cuánto.

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