Saturday, September 23, 2006

DEUDA CUBANA CON EL BENNY

Por Arnoldo Griñán

La noticia llena de alegría a los cubanos y viene a redondear la voluntad de los hijos de la Mayor Isla de Las Antillas en su afán de hacerle verdadera justicia a esa leyenda de la música: Bartolomé Maximiliano Moré, el Benny, como cariñosamente le llamó el pueblo, o si se quiere, el Bárbaro del Ritmo, como también se le califica, aún hoy.

El filme El Benny, inspirado en la vida del famoso músico, intérprete y compositor, será la propuesta cubana a la competencia por el premio Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera; lo cual equivale a abrirle las estrechas puertas de la muralla mercantil norteamericana, que son casi exclusivas de las producciones hollywoodenses.

El largometraje provocó una verdadera conmoción entre los cubanos de todas las edades, que hicieron grandes colas para llenar los cines. Se esperaba. El tema que aborda la película y la forma de tratarlo es interesante y tienen gancho, es decir, atrapan al espectador.

La opera prima, en ficción, del cineasta Jorge Luis Sánchez, quien es también un buen documentalista, en realidad se interesa más en la vida íntima del legendario músico que en su connotación como uno de los mitos de la cultura cubana de todos los tiempos.

El cineasta ha declarado a la prensa que no se trata de un producto biográfico musical, pues sus intenciones son dar una imagen con sentimiento humano del artista. Sin embargo, para este comentarista, se quedó corto. Hay tanta tela por donde cortar en la vida del Benny que no por gusto, a 43 años de su desaparición física, se le reconocen méritos y carisma en grado superlativo, que le mantienen en lo alto de la popularidad.

Es que el pueblo y este comentarista como parte de él, no pueden obviar las numerosas características que este hombre de pueblo encarnaba. En la Cuba de antes de 1959, donde la sociedad llevaba al hombre a ser egoísta, recordamos al Benny entregándole con frecuencia el micrófono a Fernando Álvarez para que interpretara solo y ganara popularidad.

Eso que hoy es tan cotidiano encontrar en figuras consagradas como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Chucho Valdés, Frank Fernández, Alberto Cortés, (El Tosco), y otros de grabar con artistas noveles y así promocionarlos, en aquella República no era fácil encontrar quien lo hiciera. Por ello, en el caso del Benny, resalta tanto ese compañerismo del que muchos artistas de esa época, pudieran dar fe.

Cuando se habla del Bárbaro del Ritmo, no se puede desdeñar que, empapado de la savia musical cubana y el amplio registro de su voz, partió hacia México con el Conjunto Matamoros y luego pasó a la orquesta de Pérez Prado, con quien hizo películas y actuó en distintos escenarios. De regreso a Cuba, comenzó una etapa, quizás poco divulgada, con la orquesta de Bebo Valdés y su ritmo Batanga. Más tarde formaría su propia agrupación, con formato de Jazzband, junto a la cual, con su original forma de cantar-dirigir y bailar, alcanzaría los más altos grados de popularidad.

En un acercamiento a la vida de Bartolomé Moré, es imprescindible no olvidar su entrañable amistad con el Tenor de las Américas, Pedro Vargas, quien viajó varias veces a La Habana para hacer con él inolvidable dúo y dejar grabadas preciosas interpretaciones.

CUBANÍA Y PATRIOTISMO

En fin, hay tanto de qué hablar del Benny. Este comentarista no puede olvidar aquella noche de 1958, cuando en el Salón Rosado de La Tropical al bajarse del escenario donde acababa de cantar, varios guardias trataron de seguirlo y él, con airado gesto les dijo que lo dejaran tranquilo pues sabía que los revolucionarios no lo iban a secuestrar.

También recordamos que cuando triunfó la Revolución, el legendario artista se hizo el propósito de cantarle tanto a los caídos en la recién finalizada contienda, como a los territorios donde se habían librado fuertes batallas. De ese propósito salieron inolvidables páginas como: Santiago de Cuba, Cienfuegos, Santa Isabel, Conocí la Paz, Francisco Guayabal, y su hermoso Canto a las Madres de los Rebeldes caídos en defensa de la Libertad. Sin embargo, la enfermedad que ya le aquejaba le impidió concluir tan bello y patriótico proyecto.

Tampoco se puede olvidar aquella anécdota de cuando Fidel le pidió que tocara en Varadero para unos becados y le preguntó cuánto le iba a cobrar. Rápidamente Benny le contestó: Eso no vale nada. Usted ha hecho mucho por nuestro pueblo y yo no puedo cobrarle.

De todos modos, el filme, aunque bordea aristas biográficas, obedece a las reglas de la ficción, tiene garra y estremece al espectador, sin apelar al melodrama. Su puesta en escena posee virtudes insoslayables.

Renny Arozarena, en su caracterización de Bartolomé Moré, es impresionante, pues, a pesar de no tener los rasgos físicos del Benny, logra que el espectador lo identifique con esa mística figura. Ese fue uno de los retos más difíciles y se logró vencer.

La música de Juan Manuel Ceruto, es también digna de elogios, aunque el timbre del Bárbaro del Ritmo aún no se ha podido igualar.

Sin dudas, merece especial destaque la labor interpretativa del elenco de actores, donde podemos encontrar a artistas consagrados junto a noveles que se crecieron ante el reto, con óptimos resultados. A Arozarena lo acompañan, entre otros, Enrique Molina, Laura de la Uz, Mario Guerra, Carlos Ever Fonseca, Isabel Santos, Limara Meneses y Kike Quiñones, junto a las mexicanas, Marcela Morales y Raquel Adriana.

Igualmente destaca la dirección de fotografía de José Manuel Riera, quien trabajó los planos con marcada intencionalidad, logrando magnífica relación causa-efecto en las secuencias.

El próximo 23 de enero, cuando se den a conocer los candidatos al Oscar, podremos apreciar si la película El Benny, logró quebrar el bloqueo anticubano que también ha permeado a la Academia de Arte Cinematográfica estadounidense.

Para los cubanos, el filme es un paso hacia delante en el camino hacia el verdadero y necesario reconocimiento al Bárbaro del Ritmo. Y eso es ya un logro.

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