GIRAS CONTRAPUESTAS
Por: Arnoldo Griñán
Los latinoamericanos pudieron apreciar, durante varios días del principio del mes de marzo, el enorme abismo que media entre los propósitos de Estados Unidos para la región y la política de unidad y hermandad de Venezuela.
Presionado por levantar una popularidad que pierde por días, tanto dentro de su país, como en el exterior, el presidente George Walker Bush realizó una gira por varios países latinoamericanos, en los cuales trató de poner una barrera a la creciente popularidad e influencia internacional del presidente Hugo Chávez Frías.
El jefe de la Casa Blanca llevó a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, el engaño característico de su Administración, algunas promesas y los bolsillos vacíos, pensando que los latinoamericanos continúan con los ojos vendados. Muy lejos van quedando los tiempos de la zanahoria tipo Alianza para el Progreso, con la que, en los primeros años de la década de 1960 el presidente John F. Kennedy, trató de contrarrestar el ejemplo de la Revolución Cubana.
El periplo de Bush se inició por Brasil, y allí comenzó su pesadilla latinoamericana. De los tres temas que llevó en su agenda: contrarrestar la influencia de Hugo Chávez, impulsar la producción de etanol y contactar con la burguesía criolla, sólo pudo alcanzar este último, pues el presidente Luiz Inacio Lula Dasilva no transigió a sus pretensiones.
Por otro lado, la presencia del mandatario norteamericano causó muchas revueltas y manifestaciones lideradas por el movimiento Los Sin Tierras, los excluidos y los defensores del medioambiente, entre otros.
El día 9 de marzo, Bush llegó a Uruguay donde le esperaban un recibimiento frío del gobierno y la repulsa popular, que entre otras cosas, le espetó que él representa lo peor que ha sucedido en Latinoamérica y en el mundo entero.
De Montevideo Bush se dirigió a Bogotá, cuyo gobierno es bastión de su política antidroga, la cual encubre pretensiones de hegemonía en el cono sur. Allí fue recibido con piedras, palos y algunas bombas incendiarias. Miles de personas, en su mayoría jóvenes, se enfrentaron a la represión policial, rompieron vitrinas, quemaron banderas norteamericanas y gritaron frases contra el indeseable visitante.
Luego, el mandatario estadounidense visitó Guatemala y México para recibir más de lo mismo y sólo ofrecer algunas migajas. Habló del Tratado de Libre Comercio sabiendo que él no determina en eso, pues la última palabra la da el Congreso. Tampoco se refirió positivamente al problema de los indocumentados. Sólo prometió preocuparse por el tema aunque es conocida su defensa por la valla de contención en la frontera méxico-estadounidense.
Las iniciativas bushianas para la región: algunas becas para el estudio del idioma inglés; la visita a varios países de un barco-hospital que deberá atender a varias decenas de miles de pacientes y hacer unas pocas intervenciones quirúrgicas, e impulsar la producción de etanol para los automóviles estadounidenses, han sido calificadas de anacrónicas y totalmente fuera de tono.
CHÁVEZ ES LA ESPERANZA
Contrario a lo ocurrido al inquilino de la Casa Blanca, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, realizó una gira por varios países del subcontinente y en todos ellos recibió calurosa bienvenida de los gobiernos y los pueblos.
En Argentina, país por donde inició su gira, Chávez firmó con Kirchner 11 importantes acuerdos, entre ellos, de colaboración agrícola, el de la fundación de la Organización de Países Exportadores de Gas, y sobre la fundación del Banco del Sur, entre otros. Asistió también a un multitudinario acto organizado por las Abuelas de la Plaza de Mayo.
De allí fue a Bolivia a donde llevó su mensaje de solidaridad, en momento en que esa nación sufre los rigores del fenómeno climatológico El Niño. En aquel país, donde se encontraba Ricardo Alarcón, ambos fueron calurosamente ovacionado por el pueblo.
Luego iría a Managua, donde junto al presidente Daniel Ortega, respaldó los ideales integracionistas y de liberación concretados en la Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA. También anunció que Nicaragua tendrá próximamente su propia refinería de petróleo.
Posteriormente, Chávez fue a Jamaica. En Kingston, firmó con la primera ministro Pertia Simpson, un convenio de cooperación en la rama gasífera, de gran trascendencia para la hermana isla caribeña.
Por último, Chávez fue a Haití, donde tuvo un multitudinario y entusiasta recibimiento. Paseó entre oleadas de pueblo y firmó con el gobierno acuerdos en materia energética, agua y vivienda. Además, brindó un fondo de veinte millones de dólares para asistencia humanitaria. Desde allí conversó con Fidel. Un diálogo que recorrió rápidamente el mundo.
En esa conversación quedó claro el pensamiento de los tres estadistas: la unidad hará la fuerza de los latinoamericanos y los caribeños. La gira confirmó la justicia social bolivariana sobre el egoísmo y la mentira estadounidense.


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