Monday, January 22, 2007

¿QUO VADIS, MISTER BUSH?

Por Arnoldo Griñán

Estados Unidos se ha caracterizado por tener administraciones prepotentes y muy propensas a engañar a sus propios ciudadanos, así como a la opinión pública internacional. El actual equipo gobernante de ese país lleva esas cualidades en grados superlativos.

Para contestar la pregunta que titula este comentario diremos que el Señor Bush encamina sus pasos hacia un conflicto mundial y un desastre ambiental de incalculables consecuencias.

Parecería que estas aseveraciones son grandilocuentes y quizás un poco alarmistas, pero por desgracia, si se analiza el quehacer de la Casa Blanca y, fíjese que no digo del pueblo estadounidense, la realidad así lo corrobora

Cada cierto tiempo, el stablishment cambia el nombre de su doctrina de dominación mundial. Sólo recordemos que bajo la presidencia de Ronald Reagan, la estrategia era contra lo que llamó Imperio del mal. El presidente Clinton amplió esa categoría a Estados terroristas y cuando George Walker Bush asumió el poder, acuñó los términos Eje del mal, Intervención humanitaria y Guerra contra el terrorismo.

La política ha sido, perseguir los intereses económicos de los sectores dominantes en los países tercermundistas y acompañarlos con una retórica que no convence a nadie, sobre su excepcional dedicación a los más altos valores. Sin embargo, la Ley Patriótica sancionada por el Congreso bipartidista echó por tierra sus históricamente proclamas de igualdad, libertad y democracia.

Con un vistazo a la estrategia de la camarilla Bush podemos apreciar que nos quieren hacer ver que germina un futuro brillante en el Gran Medio Oriente, llevado de la mano de Washington y al que todo el mundo debe apoyar pues, como él dijera, “o se está con nosotros o contra nosotros”.

Con unas pocas palabras, la Casa Blanca igualó a la banda Al Qaeda y otras redes criminales, con los movimientos clásicos de resistencia anticoloniales y regímenes laicos. Un error que en sólo un lustro ha llevado a la muerte a un número incalculable de personas en varios conflictos o guerras, que Bush admitió pueden llegar a sesenta. Afganistán, Iraq, Palestina, Líbano y Somalia son ejemplos de esa errónea y peligrosa apreciación del hegemonismo norteamericano.

Recordemos que en Afganistán, Estados Unidos apoyó el crecimiento del extremismo religioso al llevar allí a 30 mil mujaidines del mundo entero en los años 80. Ellos libraron una cruenta guerra contra los soviéticos y luego fueron abandonados, una vez logrados sus propósitos.

Por ello no es casual que cinco años después de ser despojados del Poder por la intervención anglo-norteamericana, los talibanes están de vuelta en Afganistán. A pesar de la ocupación de las fuerzas de la OTAN, el caos perdura; se reavivó el tráfico de drogas y los señores de la guerra reinan en el territorio con excepción de la capital, Kabul.

En Iraq, Washington no puede hacer prácticamente nada. Lo han probado todo, incluso la división y enfrentamiento entre chiítas y sunnitas, pero todo infructuosamente. En ese país los muertos civiles promedian más de mil quinientos mensuales, mientras la cifra oficial de los norteamericanos caídos en esa guerra sobrepasa los 3 mil.

OTROS PASOS HACIA LA CATÁSTROFE

Como parte de su estrategia para el Medio Oriente, Washington alimenta los apetitos expansionistas de Tel Aviv. Los medios occidentales callan esa otra guerra de exterminio que Israel desarrolla desde hace décadas, contra los palestinos y que pretende llevar a otras naciones como Líbano, Siria e Irán.

La desestabilización del Cuerno Africano y la intervención de las fuerzas del Pentágono en el sur de Somalia, precisamente donde, en 1993 sufrieron fuertes bajas, muestran la triste realidad de que la prepotente fiera, herida por sus fracasos en los países donde últimamente ha metido sus garras, con cada vez mayores problemas económicos y con el abandono de muchos de sus antiguos compañeros de aventuras, quizás apuesta por un nuevo conflicto mundial que hipotéticamente lo saque de apuros.

¿Por qué desplaza dos portaaviones, numerosos unidades navales y escuadrones aéreos en la volátil región del Golfo Pérsico? ¿Para qué comenzó a enviar otros 21 500 uniformados a Iraq, si casi todos los analistas de esa guerra aseguran que la medida no cambiará allí la situación y sólo acarreará más lágrimas a los dos pueblos?

Por si todo esto fuera poco, la administración Bush no acepta la jurisdicción del Tribunal ni la Corte Internacional de La Haya; no firma ni cumple con los Protocolos de Kyoto; pretende ser el gendarme del mundo y no deja que la ONU lidere las crisis internacionales. También ignora las medidas diplomáticas de Naciones Unidas, así como las económicas, antes que las militares.

Qué decir de sus pretensiones de perpetuar ese anacrónico poder de veto en el Consejo de Seguridad, el cual utiliza para defender las causas más injustas, incluso, cuando los centros de poder no están de acuerdo. También es alarmante el progresivo aumento de los gastos militares y la disminución del acceso de los estadounidenses a la salud, la educación, la energía renovable mientras se incrementa la pobreza en el pueblo.

En fin, la impotencia de la superpotencia sumida en el abuso de poder despeja el quo vadis de la administración. Camina hacia la Tercera Guerra Mundial. Sólo el pueblo, una vez que se despoje del miedo, podrá sacudirse esa camarilla que lo conduce al holocausto. ¡Ojalá sea más temprano que tarde!

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