A CIEN AÑOS DEL NATALICIO DE CHIBÁS
Por: Arnoldo Griñán
Los cubanos acaban de celebrar el centenario del natalicio de Eduardo René Chibás, con todos los honores que merece esa figura excelsa de la política en la Mayor isla de Las Antillas.
¿Quién era aquel hombre que con un verbo encendidamente nacionalista quería barrer los males que aquejaban a Cuba desde el propio nacimiento de la seudo república?
Eduardo René Chibás fue un santiaguero, nacido el 26 de agosto de 1907, en el seno de una familia adinerada, de estirpe mambisa, que supo inculcarle la ética y el amor por lo justo, lo correcto, así como el patriotismo de sus ancestros.
Cursó estudios en escuelas eclesiásticas, pero fue en la Universidad de La Habana donde encontró el cauce para su desarrollo como político incorruptible, defensor de las causas de su pueblo.
Fue fundador del Directorio Estudiantil Revolucionario, admirador y seguidor de Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras; luchó contra Gerardo Machado, el azno con garras, sufrió varias veces cárcel y para salvar la vida tuvo que salir del país.
Fue antimperialista consecuente y denunció a las compañías norteamericanas que explotaban impunemente al pueblo cubano, en especial, los pulpos eléctrico y telefónico que subían las tarifas indiscriminadamente.
Cuando vio que el Partido Auténtico, al cual pertenecía, agrupaba a bandidos, ladrones del erario público y políticos corruptos, vendidos al amo yanqui, abandonó sus filas y fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), que rápidamente se adueñó de la estima de la mayoría de los cubanos.
Con su lema: Vergüenza contra dinero y una escoba como símbolo de que pretendía barrer con los males que aquejaban a la sufrida Cuba, Eduardo Chibás llevó su mensaje ético a las grandes masas populares, en especial, a la juventud de donde saldría la Generación del Centenario, con Fidel Castro a la cabeza.
Chibás supo hacer de su hora radial, los domingos a las ocho de la noche, una tribuna desde donde denunciaba la corrupción imperante en los gobiernos de turno, así como las pretensiones de Fulgencio Batista de volver a la vida pública para imponer nuevamente la era del palmacristi, los asesinatos y las arbitrarias encarcelaciones.
Fue tanta la popularidad de aquel programa radial que a esa hora se podía recorrer cualquier ciudad cubana y oír en la radio la voz del líder de la ortodoxia.
EL ULTIMO ALDABONAZO
El 5 de agosto de 1951, se presentó como de costumbre en la emisora CMQ, pero planteó que no había podido obtener las pruebas de la denuncia que había formulado con anterioridad, sobre el latrocinio de varios personeros del gobierno de Carlos Prío. Entonces le pidió a los cubanos que despertaran pues se proponía dar su último aldabonazo, y se dio un disparo que le ocasionó la muerte a los pocos días.
Su gesto y lema calaron tan hondo en la conciencia del pueblo que nadie dudaba que su Partido ganaría las próximas elecciones, las cuales se desarrollarían el primero de junio de 1952. Por ello Batista, tal como Chibás había alertado, se apresuró a dar un golpe de Estado, realizado con el apoyo de Estados Unidos que temía al ascenso al Poder del Partido Ortodoxo.
Pero la prédica de Chibás no fue en vano. Un mar de pueblo acompañó a los restos mortales del líder ortodoxo hasta su última morada y en esa multitud se encontraban los jóvenes que, liderados por Fidel Castro, serían los futuros combatientes del Moncada, el Granma y la Sierra Maestra.
La ética de Chibás está presente en el quehacer de la Revolución Cubana y se extiende a escala internacional. Al decir de uno de sus antiguos seguidores, Armando Hart Dávalos, esa prédica es necesaria para hacer frente a la política actual imperialista.


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