GLADIADORES DE LA LIBERTAD
Por: Arnoldo Griñán
Alimentar el amor al patriotismo y venerar a aquellos héroes que con su vida ofrendada a la Patria, enseñan el ideario independentista y creador a los pueblos, son importantes armas ideológicas que convierten a las naciones en bastiones inexpugnables.
Sin embargo, los que olvidan esa verdad, caen bajo las garras del diversionismo ideológico y se convierten en presas fáciles de las apetencias de las naciones poderosas. La historia, antigua y reciente, está llena de ejemplos de ese tipo.
Entre las figuras excepcionales, que son faro y guía en la vida de los hijos de la Mayor Isla de las Antillas, se encuentran Antonio Maceo Grajales y Ernesto Che Guevara, ambos nacidos un 14 de junio; el primero, en 1845, y el segundo, en 1928. Ambos están distantes unos del otro en el tiempo, pero con un mismo ideario revolucionario.
Campesino oriental, miembro de una familia legendaria, Maceo devino símbolo perenne de las masas populares cubanas. Su entrega sin límites a la revolución, su capacidad militar y firmeza ideológica lo convirtieron en el héroe popular por excelencia. Al morir era el cubano de mayor prestigio en las filas de la Revolución.
Sus grados militares los fue alcanzando a fuerza de derroche de valentía, en los numerosos combates en los cuales participó y que llenaron su cuerpo con 27 heridas, de ellas, no pocas graves.
Dirigió importantes combates en los que su sabiduría y excepcionales dotes de gran estratega, le dieron el triunfo a las fuerzas cubanas por sobre la superioridad numérica y técnica del enemigo. No por gusto, José Martí, lo llamó para que junto a Máximo Gómez, comandara al Ejército Libertador en la Guerra de Independencia.
Pero Maceo no sólo se destacó por su accionar militar. El propio Martí lo definió como un hombre con tanta fuerza en la mente como en el brazo. ¿Acaso no fue la Protesta de Baragua, el acto más grande del pensamiento político cubano de la época? Y qué decir, de su incansable labor por la unidad del pueblo. Esa visión política no la tuvieron muchos generales cubanos, quienes ponían los intereses personales y regionales por encima a los de la Patria.
El fue la figura recurrente a la que acudía Máximo Gómez para sofocar los no pocos intentos divisionistas de algunos jefes cubanos. Su internacionalismo y antimperialismo fueron proverbiales. Había anunciado que una vez liberada Cuba, pediría al gobierno autorización al gobierno para poner su espada a disposición de la libertad del hermano pueblo portorriqueño. Tamién había manifestado que si Estados Unidos intentaba apoderarse de Cuba, esa sería la única vez en que pelearía junto a España.
¿Y qué decir de su modestia y sencillez? Durante la tregua fecunda, cuando ya era una de las principales figuras de Cuba, aseguró: Estoy y estaré con la Revolución, por pricipio y por deber. Asímismo, en 1895, cuando se pretendía darle un cargo superior al de Máximo Gómez, se opuso y afirmó: De mí no se ocupen, voy donde me manden, porque como cubano que soy, estoy obligado a ello. ¡Qué hombre tan inmeso! De esos pensamientos bebe la dirigencia de la Revolución Cubana.
SOBRE EL GUERRILLERO HEROICO
Otro 14 de junio, pero de 1928, nació en Argentina, Ernesto Che Guevara, quien devino trascendental dirigente en Cuba, país que lo acogió como hijo natural, y quien, al igualque Maceo, siempre mostró notoria intransigencia revolucionaria.
En unas pocas horas de conversación con Fidel, en México, el Che se convirtió en futuro miembro de la expedición del Granma; y ya en el primer combate contra las fuerzas batistianas, supo que sería más combatiente que médico.
Sus hazañas en la Guerra de Liberación no pueden ser recogidas en estas apretadas líneas y su accionar como constructor de una nueva sociedad, está perennemente presente en las vivencias de los cubanos.
El Che trascendió los marcos del Jefe Guerrillero para convertirse en un estadista de trascendencia internacional. Su voz se alzó en Naciones Unidas para condenar el apartheid, el asesinato del líder congolés Patricio Lumumba y a la reacción internacional.
Defendió el internacionalismo y lo llevó hasta los más altos grados, al abandonar todo el beneficio que le podía ofrecer su inteligencia y estatura política, para poner su brazo al servicio de la Revolución en Bolivia.
Al conocer su muerte, Fidel señaló que si queríamos un paradigma para nuestros hijos, dijo, queremos que sean como el Che, y así lo manifiestan diariamente los pioneros en sus matutinos, cuando aseguran que Por el comunismo, serán como el Che.


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