Thursday, September 13, 2007


?QUIEN SE OPONE A LA PAZ?

Por: Arnoldo Griñán

Nuevamente la Humanidad se encuentra en una etapa crucial. Desde hace décadas, la Unión Soviética primero y luego su sucesora, Rusia, han demostrado que la amenaza a la paz proviene de la maquinaria de guerra estadounidense y su industria armamentista.

La política militarista yanqui y sus intentos de resolver los asuntos internacionales desde posiciones de fuerza, así como su unilateral decisión de convertirse en el gendarme del mundo, convierten al gigante del norte en una verdadera amenaza para todos los que se opongan a sus propósitos hegemónicos.

Recordemos que, durante la década de los años 80, el establishment aprobó un programa de incremento de sus armamentos estratégicos ofensivos, entre ellos, la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), con gran despliegue en Europa de esas armas. También anunció el programa militar conocido como Guerra de las Galaxias. Además quebrantó el Tratado SALT II, importantísimo documento de Derecho Internacional que refrenda la paridad estratégica entre la ex Unión Soviética y los Estados Unidos, así como limita la carrera armamentista en los medios estratégicos ofensivos.

Tan pronto la actual Administración se instaló en la Casa Blanca, comenzó a rechazar los Tratados SALT e impulsar la carrera armamentista y anunció que reactivaría su programa de Guerra de las Galaxias.

Rusia, por medio del coronel general, Leonid Ivashov, experto en materia de Defensa, denunció que la principal herramienta de la política estadounidense es el dictado económico, financiero, tecnológico y militar. Implantándolo, Washington procura asegurarse la hegemonía mundial.

Estados Unidos se empeña en construir un sistema capaz de neutralizar el potencial nuclear de sus supuestos rivales estratégicos: Rusia y China, para lograr un monopolio en el terreno militar e insiste en desplegar su escudo antimisil no sólo en Europa, sino también en otras partes del mundo.

En este afán arrastra a la Organización del Atlántico Norte (OTAN), principalmente a Gran Bretaña, Alianza que con su nuevo concepto amplía su radio de acción al mundo entero.

En su loco programa armamentista, Washington se niega también a ratificar el Tratado sobre las Armas Convencionales en Europa (FACE); los debates sobre Defensa Antimisil y ha repudiado el Tratado DAM de 1972, aprobado por la inmensa mayoría de los países miembros de la ONU.

Apoyados por una gran propaganda mediática, el Pentágono y la OTAN desataron una sangrienta guerra en Kosovo, la cual sirvió para probar nuevos medios tecnológicos de avanzada, al servicio de la destrucción y la muerte.

Unos dos mil civiles yugoslavos muertos, entre ellos 80 niños; incalculables daños económicos, ecológicos y otros, fueron el resultado de la agresión criminal. El suelo, el aire y las aguas de la nación balcánica quedaron contaminados con el uranio empobrecido utilizado por la aviación yanqui.

LA ESCALADA AFGANA

El acto terrorista del 11 de septiembre del 2001, le vino como anillo al dedo al recién inaugurado presidente estadounidense, George Walker Bush. La gran prensa preparó el escenario. La verdadera historía de lo ocurrido aquel día no se ha contado todavía. Se culpó al terrorista Ben Laden y a los talibanes de aquel ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono. Al cabo de 6 años, nada se ha podido probar, mientras los soldados invasores siguen ocupando al país.

IRAQ EL OTRO OBJETIVO

Luego le tocó el turno a Iraq. La propaganda tomó nuevas dimensiones. Ningún órgano de prensa occidental menciona a los 940 mil proyectiles con uranio empobrecido lanzado en los 11 mil ataques aéreos contra Iraq cuando la Guerra del Golfo.

Tampoco hablan de los más de 1 millón de niños y ancianos iraquíes que murieron como consecuencia de las sanciones impuestas con el apoyo mediático occidental. Se buscaron los más disímiles pretextos para invadir al país árabe; se destruyeron sus riquezas culturales e históricas. Se esgrimió como verdadero el infundio de que Bagdad poseía armas de exterminio de masa, las cuales nunca fueron encontradas.

El petróleo del Oriente Medio era el verdadero objetivo de Washington. Eso ya hoy nadie lo cuestiona. Incluso veteranos de la II Guerra Mundial, de la Guerra de Corea y de la de Viet Nam han llamado a los soldados norteamericanos para que cuestionen su permanencia en Iraq.

Con su economía cada vez más débil, Bush pone sus ojos en la guerra que aumenta los gastos militares a unos 1200 billones de dólares. El 46 % de los cuales, corre a cargo del contribuyente norteamericano. Al mandatario no le importan los cerca de 4 mil efectivos del Pentágono muertos en Iraq, las decenas de miles de sus heridos que quedan minusválidos y mucho menos los cientos de miles de civiles iraquíes que han sufrido las consecuencias de su aventura bélica.

Bush espera como única salida la de un simbombazo, del tipo del 11 de septiembre. No se descarta un golpe de Estado. Todo puede suceder en Estados Unidos y las borracheras secas del actual mandatario, quien se cree elegido de Dios, puede inclinarlo hacia esa nueva locura.

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