A RITMO DE VICTORIAS
Por: Arnoldo Griñán
Sólo el presidente norteamericano, George Walter Bush, no acaba de reconocer que los tiempos son de cambio y que su imperio tiene las bases en terreno movedizo.
Este noviembre le ha traído al Mandatario, muchos malos momentos. Su propósito de convertirse en gendarme internacional se vio fuertemente lesionado cuando la resistencia iraquí comenzó el mes causándole numerosas bajas mortales a las fuerzas de ocupación. Es la continuación de las exitosas acciones militares de los rebeldes llevadas a cabo en octubre, donde llegaron a causarle más de 100 muertos.
Como consecuencia de ese descalabro varios centenares de uniformados estadounidenses firmaron una petición de retirada de Iraq.
En Sudamérica, también la Casa Blanca sufrió un duro golpe cuando las empresas petroleras y de gas que operan en Bolivia, acataron el mandato del gobierno de Evo Morales y suscribieron los documentos que los hace socios y no dueños de los recursos energéticos de esa nación.
Muy elocuente fueron las declaraciones que al respecto hizo la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, quien calificó la medida boliviana como lo peor que podía haberle sucedido a ese país, uno de los más pobres de Latinoamérica. Sin embargo, con sólo esa firma, La Paz pasará a engrosar más de mil millones de dólares, triplicando lo que antes recaudaba por sus recursos energéticos.
La recién concluida Cumbre Iberoamericana celebrada en Uruguay, aunque tuvo relativa poca participación de Jefes de Estado o de Gobierno, contó con la representación de todos los países miembros y el evento sirvió de marco propicio para que se denunciara fuertemente la política migratoria de Estados Unidos, que mientras pone todo tipo de trabas, incluso muros, a los inmigrantes latinoamericanos, distingue a los cubanos y los insita a que utilicen cualquier vía, aun a riesgo de sus propias vidas, para que vayan a ese país a donde le brindan vivienda y trabajo.
No menos importante fue el revés sufrido por la ingerencia yanqui en Nicaragua, el pasado domingo 5 de noviembre. El candidato sandinista, Daniel Ortega, ganó las elecciones presidenciales, a pesar del apoyo que Washington le brindó al candidato de la derecha, Eduardo Montealegre.
De nada valieron la descomunal propaganda anti-sandinista que asociaba a Ortega con la guerra y la desunión del pueblo; tampoco las brutales presiones yanquis que amenazaron con devolver a los inmigrantes ilegales nicaragüenses que se encuentran en Estados Unidos y a prohibir las remesas que los nicas envían a sus familiares desde norteamerica. Esta vez, los miedos no tuvieron cabida en la sufrida patria de Sandino.
MES NEGRO PARA BUSH
Pero en esa primera decena de noviembre, el martes 7 será verdaderamente inolvidable para la camarilla gobernante en Estados Unidos. En el gigante del norte se celebraron las llamadas elecciones de medio término, en las cuales, fue sometida a la consideración del pueblo, una buena parte del Congreso, hasta ese momento dominado, en ambas Cámaras por el partido de Bush.
Sin embargo, los republicanos perdieron la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. El propio Bush reconoció que fue una paliza y los analistas de la política norteamericana lo calificaron como un pase de cuenta al desgobierno de la Administración del señor Walker.
Primeras consecuencias de esa debacle han sido la renuncia del secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el anunciado rechazo a la confirmación del nombramiento del reaccionario John Bolton como embajador de Estados Unidos en la ONU. Son muestras de que no le será fácil gobernar a Bush en sus dos últimos años en La Casa Blanca.
No menos contundente fue el golpe en pleno rostro que recibió el mandatario yanqui también este martes 7, cuando en Naciones Unidas, 183 países, uno más que el pasado año, votaron a favor de la Resolución 60/12 de la Asamblea General de la ONU: Necesidad de poner fin al bloqueo económico. Comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba.
Sólo 4 países miembros de esa organización internacional votaron en contra: los propios Estados Unidos, su satélite Israel y 2 pequeñas islas, Las Marshall y Palau, muy dependientes y amenazadas por los norteamericanos. Por su parte, Micronesia se abstuvo.
En el mismo escenario de Naciones Unidas, la Administración Bush había recibido momentos antes otra impresionante derrota frente a la mayor de las Antillas. Su socio y aspirante a microimperialismo, Australia, había presentado un documento elaborado por Washington con manipulaciones sobre el tema de los derechos humanos en Cuba.
Contra esa pretendida enmienda votaron 126 países dejando sin lugar la maniobra anticubana. La diplomacia de la Isla de la Libertad nuevamente hacía morder el polvo de la derrota al prepotente imperio y sus lacayos.
Como dijera el Canciller cubano, Felipe Pérez Roque ante la comunidad internacional, el viril, valiente y solidario pueblo que él representa, continuará resistiendo el férreo bloqueo yanqui, seguro de que trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
La historia ha demostrado que la sentencia del Héroe Nacional José Martí es una guía perenne que hace invencible a la pequeña isla.


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