Saturday, January 13, 2007

ALBA DE AMÉRICA
Por: Arnoldo Griñán

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, sentenció que el Siglo XXI es el de los pueblos latinoamericanos; el de romper las cadenas del Imperio. Los hechos hacen realidad esa aseveración.

Las pretensiones imperiales de neocolonizar a su antiguo traspatio mediante ese engendro denominado Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA), han quedado relegadas a los intentos, cada vez más difíciles, de realizar pequeños o bilaterales convenios con algunos de sus acólitos de la región. Mientras, los pueblos los rechazan categóricamente.

No son pocos los analistas que consideran que en el Cono Sur americano, Estados Unidos ha perdido su nefasta influencia y sólo le quedan como aliados incondicionales: Colombia y Perú, aunque este último, a mediano plazo dejará de orbitar alrededor de Washington. Su actual presidente, Alan García, no tiene un programa objetivo para sacar a su país de la pobreza que lo agobia.

Por el contrario, la Alianza Bolivariana de las Américas, impulsada por Venezuela, gana creciente apoyo, pues sus lineamientos abren una verdadera perspectiva de prosperidad para los países que se les unen.

Los acuerdos concertados entre Venezuela, Cuba y Bolivia en muy importantes áreas económicas y sociales han beneficiado de una u otra forma a otras naciones del subcontinente, incluso a Chile, otrora bastión del neoliberalismo.

Precisamente, en ese último país, bajo las botas del dictador Augusto Pinochet, el imperialismo puso en prácticas recetas neoliberales que beneficiaron a un tercio de la población y sumió en la mayor pobreza a los otros dos tercios, despojándolos de antiguos logros en la educación, la salud, el trabajo y los derechos humanos, entre otros.

El ascenso al poder del nuevo gobierno socialista en Chile, da un respiro al país, aunque aún le es muy difícil romper las ataduras que el pinochetismo y los posteriores tibios gobiernos sembraron en la patria de Bernardo O´Higgins. Mucha voluntad y combatividad de ese pueblo serán necesarias para que pueda salir de la dependencia estadounidense. Por lo pronto, su acercamiento a las corrientes integracionistas sudamericanas abre un camino esperanzador hacia los sueños del inolvidable Salvador Allende.

LATINOAMÉRICA SE REENCUENTRA

Otros recientes triunfos electorales devienen golpes demoledores para las pretensiones de dominio imperiales en Latinoamérica. Las reelecciones de Luiz Inacio Lula Dasilva, en Brasil y Hugo Chávez Frías, en Venezuela demostraron que Washington ya no domina abiertamente en el subcontinente.

También ha sido muy alentador el acceso del nacionalista Rafael Correa a la presidencia de Ecuador y el del ex guerrillero Daniel Ortega Saavedra, a la primera magistratura de Nicaragua. Esta vez de nada valieron la presencia y amenazas del embajador yanqui y los personeros del Departamento de Estado. Después de 16 años de gobiernos neoliberales que convirtieron al país en el segundo más pobre de América, los nicaragüenses esta vez, votaron por los sandinistas.

Entre las primeras decisiones del nuevo gobierno centroamericano se encuentran la restitución de las completas relaciones políticas y comerciales entre Nicaragua y Cuba; así como, la inclusión del estratégico país en la pujante ALBA. Todo esto conforma un mensaje fuerte y claro para el vecino del norte: nuevos aires de soberanía han llegado a la patria de Augusto César Sandino.

Sí, es cierto que en este Siglo se está produciendo el proceso irreversible del despertar de los pueblos latinoamericanos. Los sueños de Bolívar, Martí, Ché y Fidel, se hacen realidad y nadie los puede parar.

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