AQUEL 8 DE ENERO
Por: Arnoldo Griñán
A fines de 1958, el régimen de Fulgencio Batista se tambaleaba. Estados Unidos, temeroso de esa fuerza nueva que representaban los rebeldes de la Sierra Maestra, comandados por el doctor Fidel Castro, le comunicó al dictador que debía dejar el Poder, en manos de una junta cívico-militar, con la cual mantener el status quo en la Isla antillana.
Ante el avance incontenible de los revolucionarios, que tomaban diariamente nuevos poblados y ciudades, el fraudulento mandatario preparó cuidadosamente su huida al exterior, en complicidad con el general Eulogio Cantillo, jefe del Ejército en Oriente y quien así traicionaba la palabra empeñada con Fidel Castro, en entrevista celebrada unos días antes de aquellas navidades.
En ese encuentro, el Jefe del Movimiento 26 de Julio había exigido tres condiciones para concluir la guerra: 1) No habría golpe de Estado; 2) Batista, los demás criminales de guerra y los personeros del régimen, enriquecidos con el dinero del pueblo, serían juzgados, y 3) No se permitiría la intromisión de la embajada norteamericana. Cantillo estuvo de acuerdo, pero no cumplió con el pacto.
En la madrugada del Primero de Enero de 1959, el tirano y sus principales colaboradores huyeron llevándose casi todas las reservas monetarias del país. La noticia corrió como pólvora y el pueblo rápidamente desbordó las calles, tomó las estaciones de policía y liberó a los revolucionarios presos.
Por su parte, los trabajadores cumplían con el llamado a la huelga general lanzado por Fidel mientras las columnas del Che y Camilo se dirigían a la Capital de los cubanos para liberar en su paso a la ciudad de Matanzas y tomar la fortaleza de La Cabaña así como el campamento de Columbia, sede del Estado Mayor del Ejército de la tiranía.
La consigna esgrimida por Fidel: Revolución si, golpe de Estado no, lanzada desde las puertas de la heroica Santiago de Cuba, donde esta vez si entró el Ejército Rebelde, continuador de los mambises de la Guerra de 1895, fue acogida con gran entusiasmo por los cubanos.
Ocho días necesitó aquella pléyade de heroicos revolucionarios con su Comandante en Jefe al frente para llegar a La Habana. Por dondequiera que pasaba la Caravana de la Libertad, la muchedumbre quería ver y oír al legendario guerrillero y sus barbudos.
Al entrar en la Capital, aquel 8 de enero luminoso, los habaneros colmaron las calles. Frente al Palacio Presidencial, por donde pasó la caravana para rendir tributo a los caídos en el asalto a la madriguera del tirano, el 13 de marzo de 1957, no se podía dar un paso. ¡Qué hermoso mar de pueblo saludaba al líder revolucionario!
Luego de hablar a los allí congregados, Fidel se dirigió al Campamento Militar de Columbia, en Marianao, donde, con un extenso y memorable discurso ratificó lo que ya era una divisa de la Revolución: Decir la verdad al pueblo es el primer deber de todo revolucionario y alertó contra el exceso de optimismo.
En hermosas palabras señaló que la guerra no la había ganado ninguna organización o tropa en particular, sino el pueblo, que devenía el baluarte más firme del proceso de cambio. También denunció las pretensiones de algunos jefes del Escambray, que habían secuestrado un grupo de armas y exigían formar parte del Consejo de Ministro.
En un momento de ese discurso en el que Fidel abogaba por la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, le pregunto a Camilo Cienfuegos quien se encontraba a su lado: ¿Voy bien Camilo? Y éste le respondió: vas bien, Fidel. El pueblo aplaudió y el breve diálogo quedó registrado para la historia.
ESTRATEGIA DE TRIUNFO
Al retomar el tema de las provocaciones, el líder no menciona los nombres de aquellos que trataron de perturbar la paz en el mismo umbral de la Revolución. Con su proverbial luz larga lanzó la estrategia del nuevo proceso: la unidad. Aquella lección ha estado vigente en los 48 años transcurrido y es el ejemplo que siguen los líderes más preclaros de Latinoamérica, que no sólo unen a sus pueblos, sino a las naciones, para poder enfrentar al enemigo común: el imperio del norte.
Como en aquel 8 de enero luminoso, ahora, con su mensaje al pueblo de Cuba, el Comandante en Jefe señaló que cada éxito alcanzado requiere mayores esfuerzos para mantenerlos y desarrollarlos.
Los cubanos, siempre seguidores de su entrañable líder, trabajan por consolidar sus triunfos en distintos órdenes, con la divisa de luchar por la paz y la vida.


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