Sunday, August 20, 2006

MUJER CUBANA

Por: Arnoldo Griñán

José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, en su prédica revolucionaria encaminada a unir a sus coterráneos para hacer la guerra necesaria que independizara a la Isla del yugo en que la mantenía el colonialismo español, destacó siempre el papel que debía jugar la mujer en aquel empeño. Consideró que aquella epopeya como cualquier obra importante, no estaría completa si no estaba ungida por la mano de la mujer.

Cuando en otros lugares, las féminas eran desdeñadas, Martí se preocupaba porque en la futura República, las cubanas ocuparan un lugar destacado. Sabía que la mujer de la Isla atesoraba una rica tradición de heroicidad que le venía de Guarina, la valiente india que luchó contra los conquistadores; de Mariana Grajales, la insigne patriota formadora de la legendaria prole de los Maceo-Regüeyferos; de Ana Betancourt y de otras muchas que les legaban cualidades significativas de que enorgullecerse en su condición de cubana.

FIELES A SU TRADICIÓN

En el transitar por la historia de Cuba, se aprecia como la mujer ha acompañado siempre al hombre en la realización de las ideas más preclaras. Allí estaban ellas para denunciar los propósitos yanquis de apoderarse de la Isla. Lucharon contra los desgobiernos de la seudo-república y la burguesía nacional que las discriminaban y le deparaban, en la mayoría de los casos, el empleo doméstico, el desalojo, la prostitución, y el desempleo.

Con un poco de suerte, la mujer cubana de entonces, podría desempeñar el papel de esposa que ayudaría a su compañero a soportar la pobreza, sin esperanzas de un futuro mejor, mientras se llenaba de hijos.

No obstante, en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, la mujer se destacó y ofrendó a la Patria numerosas mártires. En la inmensa lista no se pueden olvidar los nombres de Lidia Doce, Clodomira Ferrals y las hermanas Giral. Después del triunfo de la Revolución, aquellas féminas que de una u otra forma habían empuñado las armas y habían logrado sobrevivir a la lucha insurreccional, pasaron a construir el futuro mejor por el que habían luchado.

Como olvidar a las heroínas del Moncada, Haidée Santamaría y Melba Hernández. Qué decir de Celia Sánchez, la flor más autóctona de la Revolución, de Conchita Fernández, la insigne secretaria de Eduardo Chibás y Fidel Castro; de Vilma Espín, Rosa Elena Simeón, y otras muchas que harían interminable la lista y llenan de sano orgullo al pueblo cubano.

¿Comprenderán los enemigos de la mayor Isla de las Antillas que con mujeres así, llenas de tan altos valores, los pueblos son invencibles?

PROYECTADAS AL FUTURO

Quienes no conocen a la mujer cubana, que no es sólo la fémina hermosa, mezcla de razas, con que la propaganda capitalista suele caricaturizarla, se asombra del papel tan importante que desempeña en la vida y obra de la Revolución. En ningún otro país como en la isla caribeña, existe un porcentaje tan alto de representación femenina en las distintas instancias del Gobierno y del Partido.

Ello es mayor aún en su incorporación a la enseñanza superior y en el trabajo científico. Por otro lado, en los numerosos países donde Cuba brinda su colaboración en campos como la salud, la educación y los deportes, tanto las autoridades como el pueblo en general se asombran de la calidad y entrega de las profesionales cubanas, quienes no escatiman esfuerzos ni horas, para realizar su trabajo.

En Cuba, su quehacer abarca todas las esferas de la vida, sin descartar la Defensa de la Patria, donde también están en la primera trinchera. Si, la mujer cubana, dígase esposa, madre, hermana, hija, combatiente, internacionalista, deportista, científica, maestra, profesional de la salud, campesina, trabajadora simple, en fin, parte indispensable de la Revolución, labora junto al resto del pueblo, para hacer realidad, ese, su sueño hermoso, de que otro mundo mejor es posible.

Este 23 de agosto, cuando se cumplen 46 años de la constitución de la Federación de Mujeres Cubanas, FMC, ellas honran y se sienten honradas de pertenecer a un país en el que la mujer constituye un pilar fundamental.

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