ODIO IMPOTENTE
Por: Arnoldo Griñán
Estados Unidos acaba de dar a conocer, de manera oficial y sin tapujos ni artimañas, su “nuevo” plan para derrocar a la Revolución Cubana. Washington proclama al mundo sus intenciones de destruir al pueblo vecino que habita la Isla de la Libertad y para ello destina no menos de 80 millones de dólares anuales.
Durante más de cuatro décadas, las distintas administraciones que han pasado por la Casa Blanca hicieron todo lo posible por someter a los cubanos. La lista de fechorías es enorme y recoge desde el más fiero bloqueo económico y político, pasando por invasiones, intentos de asesinatos a dirigentes de la Revolución y todo tipo de terrorismo, hasta ese último engendro que, además de fabricar grupúsculos contrarrevolucionarios, dentro y fuera de la Isla, añade más terrorismo y prohíbe cualquier vínculo entre los cubanos que vive en Estados Unidos y sus familiares en Cuba.
Las medidas adicionales al Plan Bush para la anexión de Cuba, ratifican el informe presentado, con gran publicidad, en el año 2004 con la intención de derrocar a la Revolución y hacer sufrir con creces al pueblo cubano. El documento añade acciones que recrudecen las presiones y tiene un capítulo secreto que llega a contemplar la guerra.
También recrudece el bloqueo que extiende a todo aquel país o persona que reciba los beneficios de la solidaridad cubana. No importa que sean aquellos que recuperan la vista mediante la Operación Milagro, aquellos que aprenden a leer y escribir con la ayuda solidaria de los cubanos y su programa Yo si puedo, o esos otros pueblos que reciben la desinteresada ayuda de los médicos cubanos cuando sufren los estragos de la furia de ciclones, terremotos o maremotos.
El problema es que ya no le quedan mentiras con las cuales confundir al mundo respecto a Cuba. Todas las que han urdido se estrellaron contra el muro de la verdad y, a pesar de su poderosa maquinaria propagandista, no pueden engañar a más nadie.
Recordemos aquellas patrañas esgrimidas en los años 60, cuando calificaban al joven gobierno revolucionario de satélite de la Unión Soviética, contrario a la patria potestad, opresor del pueblo cubano, exportador de revoluciones, violador de los derechos humanos y otras muchas sandeces con las que no vale la pena embadurnar cuartillas.
Ahora, al mostrar su “arma secreta” con la cual piensa acabar con el ejemplo de la Isla Mayor de las Antillas y masacrar a su pueblo, más ferozmente que como lo hace con los iraquíes, Washington, por boca de la señorita Condoleeza Rice, declara que Estados Unidos es el mejor amigo de los cubanos. Parece que los componentes de la administración Bush nunca recibieron clases de historia.
Debieran conocer que ningún gobernante, desde aquellos que en el último lustro del Siglo XIX proclamaron que Cuba debía ser libre y soberana, hasta ahora, había tenido tanta desvergüenza para enmascarar sus pretensiones de apoderarse de la Isla.
Si aquellos, tan pronto le escamotearon el triunfo al Ejército Mambí sobre España se olvidaron de la Declaración Conjunta, con la cual adormecieron a la Comunidad Internacional de entonces, la actual administración yanqui proclama abiertamente que no escatimará medios para apoderarse de Cuba, nombrar un procónsul, poner un gobierno que responda a sus intereses y lograr así lo que no pudieron los anteriores gobernantes norteamericanos.
Claro que olvidan lo que vaticinara el gran patriota cubano, Antonio Maceo: que aquel que intente apoderarse de Cuba sólo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda, y los hijos de la heroica isla se han estado preparando, desde el mismo primero de enero de 1959 para librar esa guerra.
Quizás George Walker Bush lo desconoce y pretende engañar, una vez más, a los estadounidenses y al mundo, pero los cubanos saben lo que quieren y ello es su Revolución con el Partido Comunista a la cabeza; sin transición ni aceleración para cambio alguno.
El proyecto social cubano le depara un futuro luminoso que ya comienzan a vislumbrar y no habrá administración norteamericana capaz de enturbiar ese porvenir. Sin dudas, Bush y Condoleeza han tenido una tenebrosa pesadilla en su conjunta noche de verano. Para su bien deberían acabar de despertar.


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