¿POR QUÉ INSISTIR EN AUTODESTRUIRNOS?
Por: Arnoldo Griñán
Desde hace bastante tiempo trato de contestarme la pregunta que da título a este comentario, y no encuentro la respuesta. No concibo que la especie humana sea tan irracional. Es por ello que hoy quiero compartir contigo, amigo lector, esta inquietud.
Guerras injustas aparecen frecuentemente sin que estén claros los objetivos que la provocan y, sobre todo, que éstos sean de beneficio para los pueblos de las naciones involucradas en esos conflictos.
El Siglo XX es considerado por los analistas del tema como la Centuria de la Guerra. Yo me sumo a ese criterio. Espero que usted también. Analicemos juntos los motivos que abrazo para pensar así.
Desde que surgió el régimen esclavista y con él las beligerancias, el hombre comenzó su auto exterminio y aunque la explotación de sus semejantes no es motivo válido para peleas, en aquel entonces, esas lides no constituían un peligro para la Humanidad. Ni siquiera las libradas por Alejandro Magno o Atila, quienes con sus conquistas fundaron vastos imperios.
Estarás de acuerdo conmigo en que las fuerzas productivas y los medios de producción, no eran lo suficientemente poderosos para poner en peligro al planeta.
En el Siglo XX aquella situación cambió. Las dos Guerras Mundiales propiciaron la aparición de armas de extermino en masa cuyo efecto destructor fueron probados también en conflictos como la Guerra de Corea, la de Viet Nam y el Sureste asiático; y más cercano aún, en la Guerra del Golfo, así como en la de Afganistán e Iraq.
Son incontables los millones de muertos y heridos que esos grandes conflictos le han producido a la Humanidad, así como el daño, muchas veces irreversible, que le han hecho al planeta que todos habitamos, con igual derecho a la vida.
Tras el final de la II Guerra Mundial, la comunidad internacional tomó conciencia de que había que poner restricciones al empleo de la violencia. La Carta de las Organizaciones de Naciones Unidas (ONU), virtualmente prohibió las guerras. Más adelante, en 1949, extendió el ámbito de los Convenios de Ginebra; le impuso límites a los conflictos y otorgó protección a las víctimas. Sin embargo, aquellas naciones que se toman el derecho de considerarse omnipotentes, han hecho que los conflictos armados parezcan ineluctables.
¿Recuerdas, amigo lector, cuántas doctrinas guerreritas han esgrimido los Estados Unidos en el Siglo XX para mantener y expandir sus ansias imperialistas? Desde aquella fatídica del Gran Garrote, esgrimida por el presidente Theodore Roosevelt hasta la actual proclamada por George Walker Bush, que pretende llevar la guerra a cualquier oscuro rincón del mundo y alcanzar así su ansiado hegemonismo total.
Es tal el demencial comportamiento del actual inquilino de la Casa Blanca que ha obligado al Consejo de Seguridad de la ONU a aprobar la inmunidad internacional para los militares norteamericanos que cometen genocidio y demás crímenes en cualquier país del mundo.
Es la aplicación del terrorismo de Estado, tan caro a la ultraderecha republicana y antagónico a los intereses de los sectores populares, como diría el famoso periodista Miguel Bonasso.
No importa que esa doctrina le haya causado ya, sólo en Iraq, más de 2500 militares muertos y una cifra superior a los 18 mil 400 heridos (muchos de ellos mutilados), mientras las bajas de la población de aquel país invadido contra su voluntad, suman más de 150 mil y los daños económicos son incalculables.
Tampoco a Washington le interesa el daño que ocasiona, a sus fuerzas y a Iraq, al utilizar la guerra contra la nación mesopotámica como polígono de pruebas de nuevas y más sofisticadas armas.
Menos le importa a la actual camarilla gobernante en Estados Unidos que su aventura en Iraq le cueste al contribuyente norteamericano, 320 000 millones de dólares y la de Afganistán 89 mil millones de dólares. Bush proclama que tiene avances constantes en esos conflictos y pide más sacrificios, dinero y paciencia al pueblo.
No basta con el daño causado en nombre de la guerra al terrorismo y tanto la Casa Blanca como sus acólitos europeos amenazan a Irán porque ese país enriquece uranio para su utilización pacífica, tal como lo hacen, otros países en el mundo.
Como verás, ellos hacen ofrendas al dios Marte, hijo de Júpiter y de Juno, tal como lo hacían los emperadores romanos, sin pensar que con el millón de millones de dólares que se emplean anualmente en armamentos, se puede evitar que millones de niños y mujeres mueran todos los años por falta de recursos.
La Humanidad ve con tristeza como diariamente se extinguen especies, pues la biodiversidad está en perenne peligro; sufre penurias, hambre y sed; la sequía y la desertificación aumentan por día en distintas partes del planeta, mientras en otras son cada vez más frecuentes las inundaciones. Se derriten los polos y la capa de ozono desaparece.
Todo este triste panorama se desarrolla en nombre de la libertad y la democracia. ¿De quién y hasta cuándo? ¿Seremos capaces de sobrevivir a esa locura? Esperemos que si.
Por favor, hagamos todo lo posible por ponerle fin a la debacle


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