Saturday, June 17, 2006

SU MAGESTAD, LA CONGA

Por: Arnoldo Griñán

Aunque el Diccionario Enciclopédico Ilustrad la define sólo como un baile cubano de pareja, La Conga es mucho más: ritmo singular y cadencioso que por estos días, enloquece a los habitantes de la isla mayor de Las Antillas y no ha dudas, de que cuando es interpretado, hasta el más conservador, se mueve.

Es que el repiquetear de los tambores hierve la sangre y la hace que se precipite rauda por las venas y las arterias, acelere los latidos del corazón y que cuando llega al cerebro, éste no titubea en ordenar moverse armoniosamente a los músculos de los pies, al compás de la música.

A pesar de gustar tanto, La Conga no ha tenido el respaldo que merece. Sólo en Santiago de Cuba, la cuna de tantos otros ritmos, se mantiene siempre viva esa música, cuyos orígenes se remonta a los tiempos de la esclavitud.

Es cierto que, en aquellas películas musicales mexicanas y norteamericanas de los años 40 y 50, no faltaba ese ritmo, que representaba a la Cuba de entonces y que en sus apariciones en los carnavales, contó siempre con la preferencia del pueblo.

También, que el carnaval santiaguero, en el que no puede faltar La Conga, es uno de los más famosos de Latinoamérica y ¿por qué no? del mundo, así como que esas celebraciones han estado muy ligadas a las luchas de los cubanos. Recordemos que Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, tuvo en cuenta esas fiestas para hacerlas coincidir con su levantamiento en armas contra el colonialismo español.

Por su parte, Fidel Castro, escogió la mañana de la Santa Ana, uno de los días en que se celebra el carnaval santiaguero, para atacar a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en la antigua provincia de Oriente.

Después del triunfo de la Revolución, La Conga santiaguera incursionó con fuerza en la Capital del país, dándole al Carnaval habanero ese matiz participativo que le faltaba para dejar de ser sólo un espectáculo. El Cocuyé de Los Hoyos, comenzó a pasar por El Prado y El Malecón arrastrando al público que, colmando esas grandes avenidas, ya no hacía más que salir arroyando tras el ritmo de esa comparsa.

Luego sería Pello El Afrocán, quien con su ritmo Mozambique, donde predominan la tumba, el quinto y los bongoes, propios de La Conga, puso a bailar no sólo a los cubanos, sino también a los extranjeros, quienes rápidamente lo incluyeron entre sus preferencias. NO obstante, la contagiosa música, variante de la tradicional Conga, tampoco permaneció mucho tiempo en los medios de comunicación.

El mundialmente famoso Tata Güines, en La Habana, y otras orquestas matanceras, acogieron los tambores como principal instrumento en sus interpretaciones, con gran beneplácito del público, incluso, en los principales hoteles de Varadero, donde eran las delicias de los turistas; pero aquello tampoco fue muy duradero.

Ahora Ricardo Leyva y su orquesta Sur Caribe, viene demostrando que en Cuba, todo el mundo baila cuando se trata de buena música. Su Conga retumbó en las graderías del Clásico Mundial de Béisbol; cuando estuvo en el gigante capitalino teatro Kart Marx, el lleno fue completo, y lo mismo sucedió cuando se presentó en Matanzas, Trinidad, Holguín y, desde luego, en Santiago de Cuba.

No por gusto, su contagioso hit, Añoranza por La Conga, obtuvo tres nominaciones al prestigioso certamen Cubadisco 2006, donde se agenció un primer premio.

Sí, La Conga volvió a las preferencias de los cubanos y no hay fiesta que no termine con ese ritmo que es tarareado y bailado sin límites de edades.

Nuevamente los escenarios europeos oirán el ritmo de La Conga. Hacia allá va Sur Caribe a darles sabor, como diría aquel inolvidable santiaguero, Pacho Alonso.

Por nuestra parte, no dudamos de su triunfo, pues coincidimos con Ricardo Leyva en que ese género no es sólo para los días de carnaval.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home