BUSH SE AFERRA A LA GUERRA
Por: Arnoldo Griñán
Con uno de los índices más bajo de aprobación que ha tenido presidente estadounidense en las últimas décadas, George Walter Bush nuevamente ve en los conflictos armados una tabla de salvación para elevar su popularidad.
Probó la fórmula con buen resultado cuando en los primeros tiempos de su gobierno había en el electorado norteamericano un sentimiento de ilegalidad hacia su presidente, pues éste se había apoderado de la Casa Blanca por métodos fraudulentos. Entonces le vinieron como anillo al dedo los acontecimientos en las Torres Gemelas y el Pentágono, así como supuestos ataques bacteriológicos. Todo muy masticadito para desatar la guerra en Afganistán y más tarde en Iraq, con la ayuda del miedo desatado entre los norteamericanos.
Durante el mandato de esa administración la tónica ha sido la guerra. Bush pensó que sería fácil, rápido y que podría apoderarse del petróleo de la región. Otro gran error, aunque para lograr ese propósito contó con la aprobación del stablishment, los gobiernos satélites y el silencio cómplice de la ONU y su Consejo de Seguridad.
Ahora, al término de su mandato, desprestigiado, con la mayor parte de la población estadounidense repudiando su gestión gubernamental y con muy pocos países que aprueben su llamada Guerra contra el Terrorismo, el señor Walter mira nuevamente hacia una escalada bélica para lograr cierta credibilidad.
A pesar del triste panorama que representan los más de tres mil quinientos efectivos del Pentágono caídos en Iraq; las decenas de miles de heridos y mutilados y el cada vez más difícil reclutamiento de carne de cañón para esa guerra, el jefe de la Oficina Oval consiguió el pasado mes de mayo que el Congreso le aprobara 100 mil millones de dólares para que financiara sus guerras este año.
UN PRECIO DEMASIADO CARO
Dudo que el mandatario yanqui, cuando desató la guerra, pensó que le iba a costar tanto política como económicamente. El conflicto ya ha sobrepasado 10 veces los cálculos iniciales, según la compañía mediática Clatchy News Papers. Los últimos estimados sugieren una factura que sobrepasa los 500 mil millones de dólares y no se ve salida al atolladero.
La realidad es que Bush se creyó de verdad que hablaba con Dios y que éste le encomendaba acabar con todo y todos. ¿Borrachera seca? Ha dictado leyes que le cortaron las libertades a sus conciudadanos y tampoco respeta los derechos del resto del mundo. Baste recordar las torturas aplicadas por sus militares en las cárceles iraquíes y otras secretas en muchas partes del mundo: en Guantánamo, e incluso, en los propios Estados Unidos. Tampoco podemos olvidar el espionaje a que son sometidos los norteamericanos y las encarcelaciones sin motivo real y por tiempo indefinido.
Pero como dijera el presidente Lincoln, no se puede engañar a todo el pueblo, todo el tiempo y tanto los norteamericanos como buena parte del mundo, van perdiendo el miedo y no creen en las mentiras prefabricadas del ex drogadito y ex borracho.
Mal le ha salido su propósito de extender la guerra a otras naciones del Oriente Medio. Contaba con Israel, pero Tel Aviv salió mal parado en su aventura contra Líbano y ante la Comunidad Internacional. Por otro lado, la firmeza de Siria y de Irán son frenos a sus ambiciones. Los ataques a esas naciones pueden ser la chispa de la Tercera Guerra Mundial.
Washington ha tenido que emplear en Iraq, además de cientos de miles de efectivos del Pentágono, otros cien mil mercenarios contratados por la Casa Blanca y por empresas trasnacionales, los cuales son utilizados para custodiar sus intereses, crear el caos y disminuir los embates de la resistencia. Esa fuerza, en no pocas ocasiones ha sido sorprendida con atuendos árabes para actuar encubiertamente y propiciar la lucha entre chiitas y sunnitas.
Todas esas maniobras sólo han servido para convertir a aquella nación del Medio Oriente en un paraíso de la violencia, donde decenas de personas mueren cada día y ya más de 4 millones han tenido que desplazarse; pero eso a míster Bush nada le importa.
Fiel a su bravuconada de que puede llevar la guerra a 60 oscuros rincones del mundo, mira con recelos a China, país que tiene un firme paso económico y es ya una de las economías más fuerte y competitiva del orbe. También tiene en la mirilla a Rusia y trata de cercarla con misiles y radares ofensivos dentro del programa Guerra de las Galaxias.
Ante ese peligro, Moscú ha dicho que no permanecerá con los brazos cruzados y que sus misiles apuntarán hacia los países europeos que se presten a la componenda yanqui.
Por otro lado, cada vez son más frecuentes y masivas las manifestaciones en contra de la guerra. En los Estados Unidos más de 300 mil personas protestaron el pasado mes de marzo en lo que llamaron Marcha al Pentágono. Lo mismo se produjo en Estambul, Turquía, Grecia, Australia y otros muchos países, por sólo mencionar ese ejemplo.
No obstante, Bush no quiere ver el rechazo mundial y se aferra a sus planes bélicos. Olvida que no importan los grandes ejércitos ni los más sofisticados artefactos de guerra. La historia demuestra que el arma principal es el pueblo, y ése es invencible.

