FIESTA LATINOAMERICANA DEL CELULOIDE (II)
Por: Arnoldo Griñán
Los cinéfilos cubanos y extranjeros que acudieron al XXVIII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, coincidieron en calificarlo como uno de los mejores celebrados en la historia de esos eventos, tanto por su organización y extensión a todo el país, como por la calidad de las obras presentadas, que demostraron que las exigencias de los jurados fueron las mismas del numeroso público conocedor y amante del Séptimo Arte.
Cuando en sus palabras inaugurales, Alfredo Guevara dio la bienvenida a los presentes en una hermosa Gala, quedó clara la importancia de ese Festival como puntal de la identidad latinoamericana.
Allí se encontraban los miembros del Buró Político Esteban Lazo, Ricardo Alarcón y Abel Prieto, acompañados por Omar González, presidente del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica, ICAIC, así como del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, quienes junto al numeroso público asistente disfrutaron de las interpretaciones del destacado músico cubano, Aldo López Gavilán y sus acompañantes.
Posteriormente, fue exhibido el filme, EL LABERINTO DEL FAUNO, de Guillermo del Toro, el cual demostró qué el éxito del cine latinoamericano está basado en su encuentro con sí mismo y la fundación de su propia ética.
Los siguientes días fueron de exhibiciones de excelentes películas que los cinéfilos disfrutaron al poderlas escoger entre las más de 400 que pasaron por los cines de todo el país, aunque sólo 105 concursaron, entre ellas, obras de debutantes y de monstruos sagrados, quienes compitieron con la modestia de los grandes.
La noche de premiaciones fue el colofón ideal que colmó las expectativas por conocer quienes obtenían los preciados corales que otorgan los jurados del Festival en las distintas modalidades.
Brasil presentó credenciales y con el estremecedor filme EL CIELO DE SUELY, del director Karim Ainouz, se alzó con el Primer Coral en largometrajes. Pero el gigante sudamericano se agenció otros dos premios en esa categoría: LOS 12 TRABAJOS, del realizador, Ricardo Elías, y el
Premio Especial del jurado a la cinta SE PROHÍBE PROHIBIR, del cineasta Ricardo Durán.
También el cine carioca obtuvo lauros en La Mejor Música, de Chico Buarque de Hollanda por EL MÁS GRANDE AMOR DEL MUNDO, y a la banda sonora de Joao Godoy y Eduardo Santos, en ANTONIA, así como el premio de la popularidad por LOS DOS HIJOS DE FRANCISCO.
Tal como habíamos pronosticado en el anterior comentario sobre el Festival, Brasil vino con la fuerza de su poderosa industria cinematográfica dispuesta a hacerse sentir, y lo logró.
La cinematografía argentina demostró que no quiere ser segunda de ninguna otra y mereció cinco premios del jurado en distintas modalidades de largometrajes de ficción, y el laureado Carlos Sorín obtuvo el Segundo Coral, por EL CAMINO DE SAN DIEGO, donde se impuso el sentido humano y la maestría del cineasta.
CALIDAD, PALABRA DE ORDEN
Cuba alcanzó galardones en todas las categorías, tanto del jurado como en premios especiales, lo cual demuestra esa voluntad de sus hijos de crecerse ante las dificultades materiales. Con LA EDAD DE LA PESETA, Vivian del Valle obtuvo el de la Dirección de ARTE. Ese filme de Pavel Giroud fue considerado el Mejor Largometraje de Ficción por la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, mientras la Agencia Prensa Latina le confirió el galardón Clauber Rocha.
Por su parte, EL BENNY, dirigida por Jorge Luis Sánchez, obtuvo El Primer Coral en Ópera Prima; El Mégano que entrega la Federación Nacional de Cineclubes y el lauro instituido por el comité organizador del CUBADISCO y el Instituto Cubano de la Música.
Otros premios para Cuba fueron la Mención como Largometraje de Ficción para PÁGINAS DEL DIARIO DE MAURICIO, del realizador Manuel Pérez Paredes; el Mejor Cortometraje de Ficción, para Arturo Infante, mientras que Arturo Sotto fue el ganador en guión inédito con PETER PAN KIDS. En documentales, la Mejor Obra Experimental correspondió a EXISTEN, de Esteban Insausti.
Mucho se podría hablar de esta fiesta del celuloide y de los corales. Baste decir que con cada edición patentiza que cuando hay voluntad, todo se puede. Por su arte, los cubanos, una vez terminado oficialmente el evento, siguen disfrutando del buen cine latiunoamericano, ya sea, abarrotando salas o en sus casas, por televisión.
Tal privilegio, en un futuro no lejano, también llegará a ser patrimonio de los cinéfilos del resto del continente. Por ese camino se anda.

