LA OTRA CATÁSTROFE
Por: Arnoldo Griñán
Pocos dudan que los genocidios que Estados Unidos e Israel cometen en Iraq y Afganistán, el primero; y en la Franja de Gaza, Cisjordania y El Líbano, el segundo, constituyen acciones que rivalizan en su criminalidad, con las realizadas hace casi 70 años por Adolf Hitler y sus hordas en Europa.
Tal como ocurrió en aquella oportunidad, cuando la Comunidad Internacional hizo muy poco por frenar, ya no por impedir, aquellas bestialidades del fascismo, ahora hace tímidas declaraciones sin realizar acciones que impidan las muertes de tantas personas y la destrucción de sus habitats.
¿Por qué suceden esas cosas?
El egoísmo del capitalismo y del imperialismo, bestializan a naciones que pudieran hacer mucho por la Humanidad y la coexistencia pacífica, convirtiéndolas en maquinarias de destrucción.
La irracionalidad de los gobernantes de esos países es tal que no ven como arrastran a la especie humana a su autodestrucción.
¿Quién podría pensar, hace tan sólo unos lustros, que la sequía reduciría a un mínimo el volumen de las monumentales Cataratas de Iguazú, consideradas unas de las maravillas naturales del mundo; superior al Niágara y que rivalizan en tamaño con las de Victoria, en el río Zambezi, en el sur de África.
Mientras estas anomalías suceden en Sudamérica, un poco más abajo, en la región cordillerana de las provincias de Río Negro, Neuquén y Mendoza, en Argentina, fuertes temporales de lluvia y nieve dejan un triste resultado de puentes destruidos, rutas interrumpidas, crecidas históricas de ríos, decenas de evacuados y alertas meteorológicas.
Otra noticia que por estos días de julio aparece en los medios informativos, es la muerte de por lo menos 50 personas por la ola de calor que azota a ciudades mediterráneas de Europa. Esos fenómenos son cada vez más frecuentes en el centro y sur del Viejo Continente. Recordemos que en el 2003 la canícula cobró unas 15 mil vidas y otra cifra igual en el resto del territorio.
Esas son consecuencias de la locura de las naciones ricas, en especial de Estados Unidos, que no quieren comprender que nuestro planeta se encuentra en peligro real de autodestrucción.
LA FILOSOFÍA DE CONTAMINAR
George Walter Bush, soberbio y con insensibilidad patológica hacia los problemas apremiantes del planeta, se niega a respetar los paliativos con que Naciones Unidas pretende resolver el grave problema.
Tratados como el Protocolo de Kyoto, para reducir la emisión de gases que provocan el recalentamiento del planeta y con ello, el efecto invernadero, así como los acuerdos de la Cumbre de la Tierra que pretenden cuidar el hábitat de las especies, entre otros, son despreciados por el mandatario yanqui para quien nada importa las muertes que ocasionan su prepotente proceder.
Las empresas estadounidenses son las que más desechos tiran al mar; le escamotean el oxígeno a los peces y le disputan la pureza a los nutrientes del subsuelo.
Al parecer nada le dicen a la Administración Bush que los huracanes son cada vez más y constituyen la primera causa de desastres naturales, mientras las inundaciones clasifican como las de mayores daños económicos y en pérdida de vidas, perjudicando anualmente a unos 46 millones de personas. Olvidan los estragos realizados por el ciclón Katrina en Nueva Orleáns y los sumanis que asolan al Pacífico, Asia y llegan hasta África.
Por otro lado, las sequías se inscriben como las mayores causantes de mortandad. Según la ONU, la temperatura media del planeta podrá subir hasta 6 grados con consecuencias dramáticas para la vida en la tierra. Para el 2025 unos dos mil seiscientos millones de personas carecerán de agua y la productividad agraria podría descender hasta un 30 por ciento.
Las previsiones apuntan que el aumento del mar durante este siglo, puede alcanzar entre 15 y 95 centímetros, situación que perjudicará más a las islas y sitios costeros.
También avanza la salinidad y la desertificación de los suelos, aumentando el hambre y la pobreza que se suman a las consecuencias que dejan las guerras y el uso, cada vez menos enmascarado, de armamentos como los desfoliantes, el agente naranja y el uranio empobrecido.
EL AGUA, FUTURA FUENTE DE DISCORDIA
Actualmente más de mil doscientos millones de personas carecen del vital líquido y aproximadamente 3 000 millones no tienen acceso al saneamiento de las aguas.
La Asociación Mundial del Agua, el Consejo Mundial del Agua, la Comisión Mundial de Represas, la Iniciativa de Agua Dulce de la Unión Mundial para la Naturaleza, son algunos de los organismos ocupados por su protección.
La Organización Mundial de la Salud ha alertado que aunque el volumen del agua a escala mundial pudiera parecer suficiente, su distribución poco uniforme, la indiscriminada contaminación y su progresiva escasez, son factores que afectan a la salud humana. Recordemos que menos del 1 por ciento del agua en el mundo es accesible al hombre. La posesión del preciado líquido será motivo de guerras de rapiña, aunque ya, los intentos de privatización de ríos, cuencas y otros, alertan que el peligro no está muy lejano.
El panorama antes descrito, llama a la reflexión. Nuestro planeta está en grave peligro. No hagamos como el avestruz y escondamos la cabeza para no percibir esta otra catástrofe que se nos echa encima

